sábado, 11 de agosto de 2007

Existencialismo.

EXISTENCIALISMO

Movimiento filosófico que resalta el papel crucial de la existencia, de la libertad y la elección individual, que gozó de gran influencia en distintos escritores de los siglos XIX y XX.
Temas principales

Debido a la diversidad de posiciones que se asocian al existencialismo, el término no puede ser definido con precisión. Se pueden identificar, sin embargo, algunos temas comunes a todos los escritores existencialistas. El término en sí mismo sugiere un tema principal: el énfasis puesto en la existencia individual concreta y, en consecuencia, en la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección.
Individualismo moral

La mayoría de los filósofos desde Platón han mantenido que el bien ético más elevado es el mismo para todos: en la medida en que uno se acerca de la perfección moral, se parece a los demás individuos perfectos en el plano moral. El filósofo danés del siglo XIX Sören Kierkegaard, el primer escritor que se calificó de existencialista, reaccionó contra esta tradición al insistir en que el bien más elevado para el individuo es encontrar su propia y única vocación. Como escribió en su diario: "Tengo que encontrar una verdad que sea verdadera para mí… la idea por la que pueda vivir o morir". Otros escritores existencialistas se han hecho eco de la creencia de Kierkegaard de que uno ha de elegir el camino propio sin la ayuda de modelos universales, objetivos.

En contra de la idea tradicional de que la elección moral implica un juicio objetivo sobre el bien y el mal, los existencialistas han afirmado que no se puede encontrar ninguna base objetiva, racional, para defender las decisiones morales. El filósofo alemán del siglo XIX Friedrich Nietzsche sostuvo que el individuo tiene que decidir qué situaciones deben ser consideradas como situaciones morales.
Subjetividad

Todos los existencialistas han seguido a Kierkegaard al resaltar la importancia de la acción individual apasionada al decidir sobre la moral y la verdad. Han insistido, por tanto, en que la experiencia personal y actuar según las convicciones propias son factores esenciales para llegar a la verdad. Así, la comprensión de una situación por parte de alguien que está comprometido en esa situación es más alta que la del observador indiferente, objetivo. Este énfasis puesto en la perspectiva del agente individual ha hecho que los existencialistas sean suspicaces respecto al razonamiento sistemático. Kierkegaard, Nietzsche y otros escritores existencialistas fueron, de un modo intencionado, no sistemáticos en la exposición de sus filosofías y prefirieron expresarse mediante aforismos, diálogos, parábolas y otras formas literarias. A pesar de su posición antirracionalista de partida, no se puede decir que la mayoría de los existencialistas fueran irracionales en el sentido de negar toda validez al pensamiento racional. Han mantenido que la claridad racional es deseable allí donde sea posible, pero que las materias más importantes de la vida no son accesibles a la razón o a la ciencia. Además, han sostenido que incluso la ciencia no es tan racional como se supone. Nietzsche, por ejemplo, afirmó que la visión científica de un universo ordenado es para la mayoría una ficción práctica, una entelequia.
Elección y compromiso

Tal vez el tema más destacado en la filosofía existencialista es el de la elección. La primera característica del ser humano, según la mayoría de los existencialistas, es la libertad para elegir. Los existencialistas mantienen que los seres humanos no tienen una naturaleza inmutable, o esencia, como tienen otros animales o plantas; cada ser humano hace elecciones que conforman su propia naturaleza. Según la formulación del filósofo francés del siglo XX Jean-Paul Sartre, la existencia precede a la esencia. La elección es, por lo tanto, fundamental en la existencia humana y es ineludible; incluso la negativa a elegir implica ya una elección. La libertad de elección conlleva compromiso y responsabilidad. Los existencialistas han mantenido que, como los individuos son libres de escoger su propio camino, tienen que aceptar el riesgo y la responsabilidad de seguir su compromiso dondequiera que les lleve.
Temor y angustia

Kierkegaard mantenía que es crucial para el espíritu reconocer que uno tiene miedo no sólo de objetos específicos sino también un sentimiento de aprehensión general, que llamó temor. Lo interpretó como la forma que tenía Dios de pedir a cada individuo un compromiso para adoptar un tipo de vida personal válido. La palabra angustia posee un papel decisivo similar en el trabajo del filósofo alemán del siglo XX Martin Heidegger; la angustia lleva a la confrontación del individuo con la nada y con la imposibilidad de encontrar una justificación última para la elección que la persona tiene que hacer. En la filosofía de Sartre, la palabra náusea se utiliza para el reconocimiento que realiza el individuo de la contingencia del universo, y la palabra angustia para el reconocimiento de la libertad total de elección a la que hace frente el hombre en cada momento.
Historia

El existencialismo, como movimiento filosófico y literario, pertenece a los siglos XIX y XX, pero se pueden encontrar elementos de existencialismo en el pensamiento (y vida) de Sócrates, en la Biblia y en la obra de muchos filósofos y escritores premodernos.

Pascal

El primero que anticipó las principales inquietudes del existencialismo moderno fue el filósofo francés del siglo XVII Blaise Pascal. Pascal rechazó el vigoroso racionalismo de su contemporáneo René Descartes, afirmando en sus Pensées (Pensamientos, 1670) que una filosofía sistemática que se considera capaz de explicar a Dios y la humanidad representa una forma de orgullo. Al igual que los escritores existencialistas posteriores, contempló la vida humana en términos de paradojas: la personalidad humana, que combina mente y cuerpo, es en sí misma paradoja y contradicción.
Kierkegaard

Kierkegaard, considerado como el fundador del existencialismo moderno, reaccionó contra el idealismo absoluto sistemático del filósofo alemán del siglo XIX Georg Wilhelm Friedrich Hegel, que afirmó haber encontrado un entendimiento racional total de la humanidad y de la historia. Kierkegaard, por el contrario, resaltó la ambigüedad y lo absurdo de la situación humana. La respuesta individual a esta situación tiene que ser vivir una existencia comprometida por completo, y este compromiso sólo puede ser entendido por el individuo que lo asume. El individuo, por lo tanto, tiene que estar siempre dispuesto para desafiar las normas de la sociedad en nombre de la mayor autoridad de un tipo de vida auténtica en el orden personal. Kierkegaard abogó por un "cambio de fe" en el modo de vida cristiano que, aunque incomprensible y lleno de riesgos, era el único compromiso que, según creía, podía salvar al individuo de la desesperación.
>Nietzsche

Nietzsche, que no conocía el trabajo de Kierkegaard, transformó el pensamiento existencialista posterior a través de su crítica de las tradicionales suposiciones metafísicas y morales, y su adopción del pesimismo trágico y de la voluntad individual afirmadora de la vida que la opone a la conformidad moral de la mayoría. En oposición a Kierkegaard, cuyo ataque a la moral convencional le llevó a defender un cristianismo radical e independiente, Nietzsche proclamó la "muerte de Dios" y rechazó toda la tradición moral judeocristiana en favor de los heroicos ideales paganos.
Heidegger

Heidegger, al igual que Pascal y Kierkegaard, reaccionó en contra del intento de fundamentar la filosofía sobre una base conclusiva racionalista, en este caso la fenomenología del filósofo alemán del siglo XX Edmund Husserl. Heidegger afirmó que la humanidad se encuentra en un mundo incomprensible e indiferente. Los seres humanos no pueden esperar comprender por qué están aquí; en su lugar, cada individuo ha de elegir una meta y seguirla con apasionada convicción, consciente de la certidumbre de la muerte y del sin sentido último de la vida propia. Heidegger contribuyó al pensamiento existencialista al poner el énfasis en el ser y la ontología (véase Metafísica) tanto como en el lenguaje.
Sartre

Sartre fue el primero en dar al término existencialismo un uso masivo al utilizarlo para identificar su propia filosofía y ser el principal representante de un movimiento distinto en Francia que fue influyente a escala internacional después de la II Guerra Mundial. La filosofía de Sartre es atea y pesimista de una forma explícita; declaró que los seres humanos necesitan una base racional para sus vidas pero son incapaces de conseguirla y, por ello, la existencia de los hombres es "pasión inútil". No obstante, Sartre insistió en que el existencialismo es una forma de humanismo y resaltó la libertad, elección y responsabilidad humana. Con gran refinamiento literario, intentó reconciliar esos conceptos existencialistas con un análisis marxista de la sociedad y de la historia.
Existencialismo y teología

A pesar de que el pensamiento existencialista engloba el ateísmo absoluto de Nietzsche y Sartre y el agnosticismo de Heidegger, su origen en las meditaciones religiosas de Pascal y Kierkegaard hizo presagiar su gran influencia en la teología del siglo XX. El filósofo alemán del siglo XX Karl Jaspers, aunque rechazó las doctrinas religiosas ortodoxas, influyó en la teología moderna con su preocupación por la trascendencia y los límites de la experiencia humana. Los teólogos protestantes alemanes Paul Tillich y Rudolf Bultmann, el teólogo católico francés Gabriel Marcel, el filósofo ortodoxo ruso Nikolái Berdiáiev y el filósofo germano-judío Martin Buber heredaron muchas de las inquietudes de Kierkegaard, en particular respecto a la creencia de que un sentido personal de la autenticidad y el compromiso resulta esencial para la fe religiosa.
Existencialismo y literatura

Algunos filósofos existencialistas hallaron en la literatura el camino idóneo para transmitir su pensamiento, y el existencialismo ha sido un movimiento tan vital y amplio en literatura como en filosofía. El novelista ruso del siglo XIX Fiódor Dostoievski es quizá el mayor representante de la literatura existencialista. En Memorias del subsuelo (1864), el enajenado antihéroe está enfadado frente a las pretensiones optimistas del humanismo racionalista. La idea de la naturaleza humana que surge en esta y otras novelas de Dostoievski consiste en que es imprevisible, perversa y autodestructiva; sólo el amor cristiano puede salvar a la humanidad de sí misma, pero ese amor no puede ser entendido desde la sensibilidad filosófica. Como dice el personaje de Aliosha en Los hermanos Karamazov (1879-1880): "tenemos que amar la vida más que el significado de la misma".

En el siglo XX las novelas del escritor judío checo Franz Kafka, como El proceso (1925), El castillo (1926) y América (1927), presentan hombres aislados enfrentados a burocracias inmensas, laberínticas y genocidas; los temas de Kafka de la angustia, la culpa y la soledad reflejan la influencia de Kierkegaard, Dostoievski y Nietzsche. También se puede apreciar la influencia de Nietzsche en las novelas del escritor francés André Malraux y en las obras de teatro de Sartre.

La obra del escritor Albert Camus está asociada a este movimiento debido a la importancia en ella de temas como el absurdo y futilidad de la existencia, la indiferencia del universo y la necesidad del compromiso en una causa justa.

También se reflejan conflictos existencialistas en el teatro del absurdo, sobre todo en las obras de Samuel Beckett y Eugène Ionesco. En Estados Unidos, la influencia del existencialismo en la literatura ha sido más indirecta y difusa, pero se pueden encontrar trazas del pensamiento de Kierkegaard en las novelas de Walker Percy y John Updike, y varios temas existencialistas son evidentes en la obra de escritores como Norman Mailer, John Barth y Arthur Miller.

fuente: http://www.fortunecity.com/campus/lawns/380/existencialis.htm

Sören Kierkegaard.

Este filósofo y teólogo protestante vivió en una fría y lejana ciudad de Dinamarca llamada Copenhague del 5 de mayo de 1813 al 11 de noviembre de 1855. Su pensamiento fue en su época y sigue aun siéndolo en la nuestra extremadamente mal interpretado debido especialmente a que su método se basaba en -como dijo alguien- "despertar en principio el interés y el asentimiento del lector para conducirlo después a descubrir que aquel punto de vista que había aceptado acríticamente resultaba insostenible, y hacerle vislumbrar que la verdad había puesto en tela de juicio su opinión inicial". Aunque gracias a su apasionada vida y obra los logros de este 'divino burlador' fueron muchos, destacaremos de entre todos ellos el hecho de que llegaría a ser considerado por muchos como el padre de una de las corrientes filosóficas más importante de nuestros tiempos: el existencialismo.

Referencias como las del escritor vasco Miguel de Unamuno (1863-1936) al filósofo danés (producidas por una conocida y singular fascinación que le había llevado incluso a aprender ese distante idioma con tal de poder leerlo en su propia lengua) irían descubriendo con los años su obra al grueso de los lectores de habla castellana; de tal forma que hoy no es tan difícil -no digo que sea fácil- leer la obra de Kierkegaard en castellano, como viene a demostrar por ejemplo esta representativa bibliografía que introducimos aquí. De hecho algunos de estos títulos, como 'Diario de un Seductor' o 'Migajas Filosóficas' han sido publicados muy recientemente; y otros incluso en ediciones populares a un precio muy asequible, como es el caso de 'Tratado de la Desesperación' o 'Mi punto de vista'.

No es este obviamente el caso de otras obras como la voluminosa recopilación titulada 'Obras y Papeles', que está formada de seis volúmenes y que ahora probablemente sólo puede encontrarse en bibliotecas especializadas. Por otro lado los títulos más conocidos de este han sido publicados repetidas veces, como ocurre en el caso de 'El Concepto de la Angustia', publicado en 1930, 1946, 1965, 1972, 1979, 1982, 1984, 1985... 'Diario de un Seductor' en 1980, 1984, 1985, 1988, 1989, 1993, 1997,...'Temor y Temblor' en 1975, dos veces en 1987, 1992, 1994, 1995,... Importante creo que es señalar que entre estos que fueron publicados repetidas veces se pueden encontrar algunos que llevaron títulos diferentes, como sucedió con 'Migajas Filofósoficas' que fue publicado en 1956 como 'Fragmentos Filosóficos'; o con el 'Tratado de la Desesperación', que fue publicado en 1969 y 1984 con el título de 'La Enfermedad Mortal'. Al mismo tiempo también han ido apareciendo obras recopilatorias como 'Las prosas de Sören Kierkegaard (América) u obras fragmentadas como 'El Elogio a Abraham' (extraido de 'Temor y Temblor' por Athenas Ediciones). Entre la numerosa cantidad de ediciones aparecidas en España también podríamos incluir, de no haber sido por el título que nos hemos impuesto, las ediciones en los dialectos del castellano como el catalán: 'Discusos Cristians'. Enciclopedia Catalana. Barcelona, 1994. 310 pp. 'In Vino Veritas'. Llibres de l'índex. Barcelona, 1993. 142 pp. 'Gjentagelsen'. Edicions 62. Barcelona, 1992. 159 pp. 'La Dificultat d esser cristia'. Ariel.. O ediciones en otros idiomas de la península, como el euskera: Forforerens dogbog'. Klasikoak. Bilbao, 1994. 197 pp. Respecto a los traductores creo que el esfuerzo de Demetrio Gutierrez Rivero merece una especial mención no sólo por las numerosas obras que ha traducido ('La Ejercitación del Cristianismo'. Publicada por Espasa Calpe, 'La enfermedad mortal', publicada por Sarpe y Ediciones Guadarrama S.L., 'El Concepto de la Angustia', publicado por Orbis e Hyspamérica, 'Enten-Eller, publicado por Agora,...), sino también por haberlo hecho desde el idioma original del filósofo danés. Aunque sin duda han sido muchas las personas que han unido sus esfuerzos con el propósito de dar a conocer la obra de este ilustre y enigmático caballero, y por tanto deberían también ser muchos, demasiados para detallarlos todos, los agradecimientos. No en vano profetizó él mismo al final de sus días que esa su angustiosa y corta vida sería con el tiempo objeto de estudio...

José Pablo Fernández.
Agosto de 1998.

PRINCIPAL OBRA ORIGINAL:

Either/Or; Om Begrevet ironi, med hensyn til Sokrates (Copenhague, 1841); Frygt og Baeven (Copenhague, 1843); Gjentagelsen (Copenhague, 1843); Begrebet angst (Copenhague, 1844); Philosophische Smuler Copenhague, 1965); Stadierpaa livets vej (Copenague, 1845); Afsluttente unividenskabelig (Copenhague, 1945); ); Post-criptum; Tho ethick-religiose smaa-afhandlinger av H.H. (Copenhague, 1849); Ind brelse i christendon (Copenhague, 1850); Skyldig? Ikke skyldig?; Udvalgte skrifter (Copenhague, 1894); Samlede vaerker (Copenhague, 1900-1906); Obras Completas (Copenhague, 1909); Papirer Copenaghe 1909


BIBLIOGRAFIA EN CASTELLANO:
SU OBRA LITERARIA:

TRATADO DE LA DESESPERACION. Edicomunicación, S.A.. Colección: Fontana. Barcelona, 1994. 158 pp. Trad. Juan Enrique Holstein. Sarpe. Colección: Los grandes Pensadores. Madrid, 1984. 191 pp. Trad Demetrio Gutiérrez Rivero con el título de LA ENFERMEDAD MORTAL. Editor: Santiago Rueda. Buenos Aires, 1941. 207 pp. Ediciones Guadarrama S.L. Obras y Papeles. Madrid, 1961. 245 pp. Trad. Demetrio Gutiérrez Rivero con el título de LA ENFERMEDAD MORAL.

MI PUNTO DE VISTA.
Ediciones Aguilar, S.A. Madrid, 1959, 1972 y 1988. 221 pp. Trad. José Miguel Velloso. Sarpe. Colección: Los Grandes Pensadores.Madrid, 1985. 203 pp.Trad. José Miguel Velloso. DIARIO DE UN SEDUCTOR. Ediciones 29. Colección: Grandes Autores y Clásicos Ejemplares. Barcelona, 1980, 1984, 1989, 1993 y 1997. 143 pp.Trad. León Ignacio. Con el subtítulo ARTE DE AMAR.Espasa Calpe Argentina. Buenos Aires, 1953. 145 pp. Destino.Barcelona, 1988. 269 pp. Trad. Demetrio Gutiérrez Rivero. Fontamara.Barcelona, 1985. 126 pp. Trad. Valentín de Pedro.

OBRAS Y PAPELES
Ediciones Guadarrama, S.L. Madrid, 1961. VI volúmenes.
Varios traductores. IN VINO VERITAS/LA REPETICION Ediciones Guadarrama 9788425074288 Otras ediciones: JVE Psique,...

EL CONCEPTO DE LA ANGUSTIA
Espasa Calpe. Colección: Selecciones Austral. Madrid, 1930, 1946, 1972 (8ª edición), 1979 y 1982. 189 pp. Subtitulado: una sencilla investigación psicológica orientada hacia el problema dogmático del pecado original Ediciones Guadarrama S.L.. Obras y Papeles. Madrid, 1965. 291 pp. Orbis. Barcelona, 1984. 198 pp. Trad. Demetrio Gutiérrez Rivero. Hyspamérica. Madrid, 1985. 198 pp. Trad. Demetrio Gutiérrez Rivero.

DIARIO INTIMO Planeta. Colección: Clásicos Universales Planeta. Barcelona, 1993. 451 pp. Trad. María Angélica Bosco. Editor: Santiago Rueda. Buenos Aires, 1955. 451 pp.

ENTEN-ELLER.Agora. Colección: Hybris. Málaga, 1996. Trad. Demetrio Gutiérrez Rivero. ANTIGONA Séneca. Méjico, 1942. 82 pp.

PROSAS DE SOREN KIERKEGAARD América.Madrid, 19??. 259 pp.

LOS ESTADIOS EROTICOS INMEDIATOS O LO EROTICO MUSICALAguilar Argentina. Buenos Aires, 1973. 163 pp Trad. Javier Armada.

DOS DIALOGOS SOBRE EL PRIMER AMOR Y EL MATRIMONIO Ediciones Guadarrama S.L. (Obras y Papeles) Madrid, 1961. 378 pp. Otras ediciones: Siglo Veinte,...

ESTETICA Y ETICA EN LA FORMACION DE LA PERSONALIDADNova. Serie: La vida del Espíritu. Buenos Aires, 1955. 237 pp Trad. Armand Marot.

ETAPAS EN EL CAMINO DE LA VIDA Editor: Santiago Rueda. Serie: La vida del Espíritu. Buenos Aires, 1952. 424 pp.

MIGAJAS FILOSOFICAS o un poco de filosofía. Editorial Trotta. Colección: Clásicos de la Cultura. Madrid, 1997. 113 pp. Trad. Rafael Larrañeta. Casa Unida de Publicación. Méjico, 1956. 157 pp. Trad. Arrnoldo Canclini con el título de FRAGMENTOS FILOSOFICOS.

TEMOR Y TEMBLOR Editorial Labor. Colección Labor. Barcelona, 1992. 63 pp.Trad. Demetrio Gutierrez Rivero. Tecnos. Colección Metropoli.Madrid, 1987 y 1995. 108 pp. Trad.Vicente Simón Merchán. Altaya. Colección: Grandes Obras del Pensamiento. Barcelona, 1994. 108 pp.Vicente Simón Merchán.

Hyspamérica. Colección: Biblioteca Personal. Madrid, 1987. 172 pp.Trad. Jaime Grinberg. Editorial Nacional. Serie: Biblioteca de la Literatura y el Pensamiento Universal. Madrid, 1975. 212 pp. Otras ediciones: Ediciones Guadarrama,...

SU VIDA Y PENSAMIENTO: SÖREN KIERKEGAARD. Harald Höffding. Revista de Occidente. Madrid, 1930. 225 pp Trad. Fernando Vela

KIERKEGAARD: EL BUSCADOR DE DIOS Agustín Rivero Astengo.Emecé. Buenos Aires, 1949. 101 pp.

EL PENSAMIENTO EN KIERKEGAARD James Collins. Fondo de Cultura Económica. México, 1958. 325 pp.

SÖREN KIERKEGAARD: EL FILOSOFO DANES. Peter P. Rhode. F.E. Bording A.S. Copenhague, 1950?. 21 pp.

KIERKEGAARD. Joan Wahl. Losange. Buenos Aires, 1956.74 pp.

KIERKEGAARD Y UNAMUNO: La existencia religiosa. Jesús Antonio Collado. Gredos. Madrid, 1962.
KIERKEGAARD Y EL AMOR C.F. Bonifaci Herder. Barcelona, 1963.293 pp.

LA EXISTENCIA RELIGIOSA EN KIERKEGAARD Y SU INFLUENCIA EN EL PENSAMIENTO DE UNAMUNO. Jesús Antonio Collado. Facultad de Filosofía y Letras. Madrid, 1966. 31 pp.

UNAMUNO, WILLIAM JAMES Y KIERKEGAARD. Luis Farre. Aurora. Buenos Aires, 1967.

HEGEL Y KIERKEGAARD. Max Bense. Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1969. 81 pp.

KIERKEGAARD VIVO Alianza Editorial Madrid, 1970, 1980 y 1968. 243 pp. Trad. Andrés Pedro Sánchez Pascual

SÖREN KIERKEGAARD: EL SEDUCTOR. Pedro Antoni Urbina. Universidad. Sevilla, 1975. 432 pp.

UNAMUNO: AFINIDADES Y COINCIDENCIAS KIERKEGAARDIANAS. Society of Spanish and Spanish-American Studies. Colorado (USA), 1986. 144 pp.

KIERKEGAARD Y LA MUERTE DEL PADRE HUMANO Y DIVINO.Susana Munich. Universitaria. Santiago de Chile, 1986. 234 pp.

LA AUTENTICIDAD COMO SUSTANCIA DE LA VERDAD. Influencia de Kierkegaard en Unamuno. Agustín García Chicón. Málaga, 1987. 130 pp

SÖREN KIERKEGAARD O LA SUBJETIVIDAD DEL CABALLERO. Celia Amoros Puente. Anthropos. Barcelona, 1987. 264 pp.

AMOR Y DIFERENCIA Francesc Torralba Roselló. PPU. Barcelona, 1993. 383 pp.

LOS ANTIHEGELIANOS. Coord. Javier Urdanibia. Anthropos. Barcelona, 1990. 286 pp.

LA INTERIORIDAD APASIONADA. Verdad y amor en Sören Kierkegaard.Rafael Larrañeta.Universidad Pontificea. Salamanca, 1990. 266 pp.

KIERKEGAARD, EL DIVINO BURLADOR. M. Holmes Hartshorne. Cátedra. Madrid, 1990 y 1992. 180 pp.

ANDERSEN Y KIERKEGAARD: LA LUZ Y LA SOMBRA. Luis Rogelio Nogueras. Extramuros. La Habana, 1991.

LA EXISTENCIA EN KIERKEGAARD. María Garcia Amilburu. EUNSA. Pamplona, 1992. 343 pp.

AMOR Y DIFERENCIA Francesc Torralba Roselló. PPU. Barcelona, 1993. 383 pp.

EL VALOR ETERNO DEL TIEMPO. Carlos Goñi Zubieta. PPU. Barcelona, 1996. 246 pp.

SCHOPENHAUER Y KIERKEGAARD. Sentimiento y Pasión. Manuel Maceiras Fafian. Ediciones Pedagógicas. Madrid, 1996. 192 pp.

SÖREN KIERKEGAARD. Manuel A. Suances Marcos. Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid, 1997. 341 pp.

KIERKEGAARD (1813-1855) Rafael Larrañeta. Ediciones del Orto. Biblioteca Filosófica. Madrid, 1997. 94 pp.

KIERKEGAARD. Peter Vardy Herder. Colección: Pensadores Cristianos.Barcelona, 1997. 133 pp. Trad. Maite Solana.

KIERKEGAARD, UNICO ANTE DIOS. Nelly Viallaneix Editorial Herder. Barcelona.

SOREN KIERKEGAARD Y EL CATOLICISMO. Roos Heinrich Razón y Fe.

HISTORIA DEL EXISTENCIALISMO: DE KIERKEGAARD A HOY. Prieto Prini. Editorial Herder. Barcelona.

LA JOROBA DE KIERKEGAARD. HaeckerT. Ediciones Rialp. Madrid.

KIERKEGAARD FRENTE AL HEGELIANISMO. Jaime Franco Barrio.Universidad de Valladolid. Valladolid.

KIERKEGAARD Y LA FILOSOFIA EXISTENCIAL León ChestovEditorial Sudanericana. Buenos Aires.

EL SENTIMIENTO TRAGICO DE LA EXISTENCIA. Marjorie Grene. Editorial Aguilar. Madrid.

INTRODUCCION A KIERKEGAARD. Regis Jolivet. Editorial Gredos. Madrid.

EL DESCUBRIMIENTO DE LA INTIMIDAD Y OTROS ENSAYOS. López Ibor. Editorial Aguilar. Madrid.

KIERKEGAARD.Jean Wahí Ediciones Losange.. Buenos Aires.

KIERKEGAARD COMO EDUCADOR RELIGIOSO. Kampmann Theoderich. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

fuente: http://www.geocities.com/poeticaarte/kierkegaardbiblio.htm

Sociologia.org

Sören Kierkegaard "La desesperación es «la enfermedad mortal»"
Esta idea de «enfermedad mortal» debe tomarse en un sentido especial.

Literalmente, significa un mal cuyo término, cuya salida es la muerte, y entonces sirve de sinónimo de una enfermedad por la cual se muere, pero no es en este sentido que se puede llamar así a la desesperación; pues, para el cristiano, la muerte misma es una pasaje a la vida. De este modo, ningún mal físico es para él «enfermedad mortal». La muerte termina con las enfermedades, pero no es en sí misma un término. Pero una «enfermedad mortal», en sentido estricto, quiere decir un mal que termina en la muerte, sin nada más después de ella.

Y esto a la desesperación. Pero en otro sentido, más categóricamente aún, ella es la «enfermedad mortal». Pues lejos de morir de día, hablando con propiedad, o de que ese mal termine con la muerte, física, su tortura, por el contrario, consiste en no poder morir, así como en la agonía el moribundo se debate con la muerte sin poder morir. Así, estar enfermo de muerte es no poder morirse; pero aquí, la vida no deja esperanza y la desesperanza es a ausencia de la última esperanza, la falta de muerte. En tanto que ella a el supremo riesgo, se espera de la vida; pero cuando se descubre lo infinito del otro peligro, se espera de la muerte.

Y cuando el peligro crece tanto como la muerte, se hace esperanza; la desesperación es la desesperación de no poder incluso morir. En esta última acepción, pues, es la desesperación la «enfermedad mortal», Ese suplicio contradictorio, ese mal del yo: morir eternamente, morir sin poder morir sin embargo, morir la muerte. Pues morir quiere decir que todo ha terminado. Pero morir la muerte significa vivir la propia muerte; y vivirla un solo instante, es vivirla eternamente. Para que se muera se desesperación como de una enfermedad, lo que hay de eterno en nosotros, en el yo, debería poder morir, como hace el cuerpo, de enfermedad. ¡Quimera! En la desesperación el morir transfórmase continuamente en vivir. Quien desespera no puede morir; «como un puñal no sirve de nada para matar pensamientos», nunca la desesperación, gusano inmortal, inextinguible fuego, no devora la eternidad del yo, que es su propio soporte, pero esta destrucción de sí misma que es la desesperación, es impotente y no llega a sus fines.

Su voluntad propia está en destruirse, pero no puede hacerlo, y esta impotencia misma es una segunda forma de destrucción de sí misma, en la cual la desesperación no logra por segunda vez su finalidad, la destrucción del yo; por el contrario, es una acumulación de ser o la ley misma de esa acumulación. Es ella el ácido, la gangrena de la desesperación, el suplicio cuya punta, dirigida hacia el interior, nos hunde cada vez más en una autodestrucción impotente, Lejos de consolar al desesperado, el fracaso de su desesperación para destruirse es, por el contrario, una tortura que reaviva su rencor, su ojeriza; pues acumulando incesantemente en la actualidad desesperación pasada, desespera de no poder devorarse ni de deshacerse de su yo, ni de aniquilarse. Tal es la fórmula de la acumulación de la desesperación, el crecimiento de fiebre en esa enfermedad del yo.

El hombre que desespera tiene un sujeto de desesperación, y es lo que cree un momento y no más; pues ya surge la verdadera desesperación, la verdadera figura de la desesperación. Desesperando de algo, en el fondo desesperaba de sí mismo y, ahora, pretende librarse de su yo. Así sucede cuando el ambicioso que dice: «Ser César o nada», no llega a ser César y desespera. Pero esto tiene otro sentido; por no haber llegado a ser César, ya no soporta ser él mismo. Por consiguiente, en el fondo no desespera por no haber llegado a ser César, sino de ese yo que no ha logrado llegar a serlo. Ese mismo yo, que de otro modo hubiese sido toda su alegría -alegría por lo demás no menos desesperada-, helo ahora más insoportable que cualquier otra cosa. Observando de más de cerca, lo insoportable para él no está en no haber llegado a ser César, sino en ese yo que no ha conseguido serlo; o más bien, lo que no soporta es no poder librarse de su yo.

Habría podido hacerlo, si hubiese llegado a ser César, pero como no lo ha logrado, nuestro desesperado ya no puede consolarse. En su esencia no varía su desesperación, pues no posee su yo, no es él mismo. No habría llegado a serlo, es cierto, deviniendo César, pero se habría librado de su yo; no llegando a ser César, desespera de no poder quedar en paz. Por lo tanto resulta una opinión superficial decir de una desesperado (a causa sin duda de no haberlo visto jamas, ni de haberse visto incluso), como si ello fuese su castigo, que le destruye su yo. Pues precisamente para su desesperación y su suplicio, es incapaz de lograrlo, dado que la desesperación ha puesto fuego a algo refractario, indestructible en él, al yo. Desesperar de algo no es, pues, todavía, la verdadera desesperación; es su comienzo; se incuba, como dicen los médicos de una enfermedad. Luego se declara la desesperación: se desespera de uno mismo. Observad a una muchacha desesperada de amor, es decir de la pérdida de su amigo, muerto o esfumado.

Esta pérdida no es desesperación declarada, sino que ella desespera de sí misma.

Ese yo, del cual se habría librado, que ella habría perdido del modo más delicioso si se hubiese convertido en bien del «otro», ahora hace su pesadumbre, puesto que debe ser su yo sin el «otro». Ese yo que habría sido su tesoro -y por lo demás también, en otro sentido, habría estado desesperado- ahora le resulta un vacío abominable, cuando el «otro» está muerto, o como una repugnancia, puesto que le que recuerda el abandono. Tratad, pues de decirle: «Hija mía, te destruyes», y escucharéis su respuesta: «¡Ay, no! Precisamente mi dolor está en que no puedo conseguirlo». Desesperar de sí mismo, querer deshacerse del yo, tal es la fórmula de toda desesperación, y la segunda: desesperado por querer ser uno mismo, se reduce a ella, como hemos reducido anteriormente (Véase Capitulo I) la desesperación en la cual se quiere ser uno mismo, aquélla en la cual se rechaza serlo. Quien desespera quiere, en su desesperación, ser él mismo. Pero entonces, ¿no quiere desprenderse de su yo? En apariencia, no; pero observando de más de cerca, siempre se encuentra la misma contradicción. Ese yo, que ese desesperado quiere ser, es un yo que no es él (pues querer ser verdaderamente el yo que se es, es lo opuesto mismo de la desesperación); en efecto, lo que desea es separar su yo de su autor. Pero aquí fracasa, a pesar de que desespera, y no obstante todos los esfuerzos de la desesperación, ese Autor sigue siendo el más fuerte y la obliga a ser el yo que no quiere ser. Pero haciéndolo, el hombre desea siempre desprenderse de su yo, del yo que es, para devenir un yo de su propia invención.

Ser ese «yo» que quiere, haría todas sus delicias -aunque en otro sentido su caso habría sido también desesperado- pero ese constreñimiento suyo de ser el yo que no desea ser, es su suplicio: no puede desembarazarse de sí mismo. Sócrates probaba la inmortalidad del alma por la importancia de la enfermedad del alma (el pecado) para destruir, como hace la enfermedad con el cuerpo. Igualmente se puede demostrar la eternidad del hombre por la impotencia de la desesperación para destruir al yo, por esa atroz contradicción de la desesperación. Sin eternidad en nosotros mismos, no podríamos desesperar; pero si pudiera destruir al yo, entonces tampoco habría desesperación. Tal es la desesperación, ese mal del yo, «la Enfermedad mortal». El desesperado es un enfermo de muerte. Más que en cualquier otro mal, se ataca aquí a la parte más noble del ser; pero el hombre no puede morir por ello. La muerte no es aquí un término interminable del mal, es aquí un término interminable. La muerte misma no puede salvarnos de ese mal, pues aquí el mal con su sufrimiento y... la muerte consisten en no poder morir. Allí se encuentra el estado de desesperación. Y el desesperado podrá esforzase, a no dudar de ello, podrá esforzarse en lograr perder su yo, y esto sobre todo es cierto en la desesperación que se ignora, y en perderlo de tal modo que ni se vean sus trazas: la eternidad, a pesar de todo pondrá a luz la desesperación de su estado y le clavará a su yo: así el suplicio continua siendo siempre no poder desprenderse de sí mismo, y entonces el hombre descubre toda la ilusión que había en su creencia de haberse desprendido de su yo. ¿Y por qué asombrarse de este rigor?, puesto que ese yo, nuestro haber, nuestro ser, es la suprema concesión infinita de la Eternidad al hombre y su garantía. Podéis encontrarlo en: Tratado de la desesperación, Edicomunicación, Barcelona, 1994. Libro primero, cap. III, pp. 28-32. Traducción de Juan Enrique Holstein.

fuente: http://www.sociologia.org/olddir/text/soren1.htm

Sartre, Jean-Paul
(París, 1905-id., 1980)

Filósofo y escritor francés. Precoz lector de los clásicos franceses, en 1915 Jean-Paul Sartre ingresó en el liceo Henri IV de París y conoció a Paul Nizan, con quien inició una estrecha amistad. Al año siguiente, el segundo matrimonio de su madre (considerado por Jean-Paul como «una traición») lo obligó a trasladarse a La Rochelle; hasta 1920 no regresó a París.

En 1924 Jean-Paul Sartre inició sus estudios universitarios en la École Normale Supérieure, donde conoció a Simone de Beauvoir, con quien estableció una relación que duraría toda su vida. Tras cumplir el servicio militar, empezó a ejercer como profesor de instituto; en 1933 obtuvo una beca de estudios que le permitió trasladarse a Alemania, donde entró en contacto con la filosofía de Husserl y de Heidegger.

En 1938 Sartre publicó La náusea, novela que pretendía divulgar los principios del existencialismo y que le proporcionó cierta celebridad, al tiempo que se convertía en símbolo de aquel movimiento filosófico. Movilizado en 1939, Sartre fue hecho prisionero, aunque consiguió evadirse en 1941 y regresar a París, donde trabajó en el liceo Condorcet y colaboró con A. Camus en Combat, el periódico de la Resistencia.

En 1943 publicó El Ser y la Nada, su obra filosófica más conocida, versión personal de la filosofía existencialista de Heidegger. El ser humano existe como cosa (en sí), pero también como conciencia (para sí), que sabe de la existencia de las cosas sin ser ella misma un en sí como esas cosas, sino su negación (la Nada).

La conciencia sitúa al hombre ante la posibilidad de elegir lo que será; ésta es la condición de la libertad humana. Eligiendo su acción, el hombre se elige a sí mismo, pero no elige su existencia, que le viene ya dada y es requisito de su elección; de aquí la famosa máxima existencialista: «la existencia precede a la esencia».

Dos años más tarde, alcanzada ya la popularidad, Sartre abandonó la enseñanza para dedicarse exclusivamente a escribir; en colaboración con Aron, Merleau-Ponty y Simone de Beauvoir, fundó Les Temps Modernes, una de las revistas de pensamiento de la izquierda más influyentes de la posguerra.

Por esa época, Sartre inició una fluctuante relación con el comunismo, hecha de acercamientos (uno de los cuales provocó su ruptura con Camus en 1956) y alejamientos motivados por su denuncia del estalinismo o su protesta por la intervención soviética en Hungría.

En su última obra filosófica, Crítica de la razón dialéctica (1960), se propuso una reconciliación del materialismo dialéctico con el existencialismo, al cual pasó a considerar como una ideología parásita del marxismo, y trató de establecer un fundamento de la dialéctica marxista mostrando que la actividad racional humana, la praxis, es necesariamente dialéctica.

En 1964 Sartre rechazó el Premio Nobel de Literatura para no «dejarse recuperar por el sistema»; decididamente contrario a la política estadounidense en Vietnam, colaboró con Bertrand Russell en el establecimiento del Tribunal internacional de Estocolmo para la persecución de los crímenes de guerra.

Tras participar directamente en la revuelta estudiantil de mayo de 1968, Sartre multiplicó sus gestos públicos de izquierdismo, asumió la dirección del periódico La Cause du Peuple y fundó Tout!, de orientación maoísta y libertaria.

En 1975 se inició el progresivo quebranto de su salud; la ceguera lo apartó de la lectura y la escritura durante los últimos años de su vida, tras haber completado su postrera gran obra, El idiota de la familia (1971-1972), dedicada al tema de la creación literaria, fruto de diez años que dedicó a la investigación de la personalidad de Gustave Flaubert.

Obras de Jean-Paul Sartre
Novela:
La náusea (La nausée, 1938)
El muro (Le mur, 1939)
Los caminos de la libertad (Les chemins de la liberté, 1945-1949).
Teatro:
Las moscas (Les mouches, 1943)
A puerta cerrada (Huis clos, 1944)
Las manos sucias (Les mains sales, 1948).

Ensayo:
El Ser y la Nada (L'Être et le Néant, 1943)
Baudelaire Saint-Genêt, dramaturgo y mártir (Saint-Gênet, comédien et martyr, 1952)Crítica de la razón dialéctica (Critique de la raison dialectique, 1960)
Las palabras (Les mots, 1963)
El idiota de la familia (L'idiot de la famille. Gustave Flaubert, 1821-1857, 1971-1972).

Vida de Jean-Paul Sartre.

Fuente: ídem. p.p. 599-611.
MESOGRAFÍA
http://www.terra.es/personal8/biografia/sartre.htm